¿Qué se pasaría por la cabeza si un día caminando por la calle ves en un escaparate el vestido de novia con el que pensabas que te casarías?
Primero tienes el pensamiento morboso de entrar y probártelo para ver cómo te sienta el disfraz de princesa más bonito que has visto en tu vida. Luego recapacitas, sigues tu camino pasando de largo y llegas a la conclusión de que sólo es un trozo de tela muy bonito que hace algún tiempo casi idolatrabas. Pensabas que ese vestido abriría la puerta a tu felicidad, a tu estabilidad y a una nueva vida muy distinta de la actual. Nada más lejos de la realidad porque las cosas no cambian de un día para otro por organizar una macrofiesta de disfraces.
Lo importante no es ese día, ni la ropa que lleves, ni si hay iglesia o muchas flores. Lo que realmente cuenta es decirle a la persona que amas que tu intención es que ese sentimiento sea para siempre y compartir ese momento tan especial con las personas que quieres y que forman parte de tu vida.
lunes, mayo 17, 2010
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